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ILM – Capítulo 15

30/04/2021

 

Kael estaba vestido con el uniforme color blanco de los paladines. Al escuchar su voz la observó cerca de la fuente y una sonrisa como una briza apareció en su rostro.

“¿Damia? Dios mio”

Kael salto desde el segundo piso sin dudarlo. A pesar de su altura, sus movimientos eran suaves mientras aterrizaba en el suelo. Se acerco rapidamente a Damia y comenzó a regañarla afectuosamente:

“Hace mucho tiempo que no nos vemos. ¿Por que no me habías escrito?”

“Es solo que… Ha pasado un tiempo”

Una triste sonrisa se dibujó en su rostro. Después de escuchar que Kael se volvería un Paladín ella se sintió perdida y cayo en una profunda depresión. Bajo aquellas circunstancias no tenía la confianza para mantener la farsa de que Kael era solo un amigo para ella.

“Ya veo. Habías dejado de visitarme como antes y pensé que algo malo te había pasado, estaba preocupado”. Su voz sonaba cálida e indecisa pero ello era debido a que era una persona demasiado amigable.

Damia se había enamorado de él debido a la calidez de su sonrisa y su amable disposición. Lo observaba sin decir palabra alguna. La forma en la que le hablaba en aquel momento era como si en verdad estuviera enojado con ella, pero él sonreía de manera placentera así que Damia pudo hablar con mayor claridad, después de todo ella no era tan importante para él.

“Escuchaste las noticias ¿Verdad?. Yo… Pase la prueba. Quería terminar mi entrenamiento lo antes posible y liberarme de la “contaminación” que invade el sur para así ayudar a la frágil Santa”

Sus ojos brillaban con anticipación ante su nuevo futuro. Sus ojos llenos de emoción por acompañar a la Santa parecían gritarle aquellas noticias a Damia, quien se sentía lentamente mutilada en sus sentimientos.

“Pero hoy es el ultimo dia. Acudiste a mi fiesta de despedida y me alegro por ello querida Damia. Nunca voy a olvidarme aun cuando me una a la iglesia”

Kael entonces le mostró el saludo oficial de los caballeros, dibujando un símbolo en su pecho y doblándose en la cintura. Por supuesto esto era de forma burlesca pero el gesto lucía muy bien en su persona, lo hacia parecer mas noble. El uniforme de la iglesia era genial excepto por la exagerada cantidad de gestos en los saludos formales.

Los ojos de Damia se nublaban mientras lo observaba. De acuerdo con el código de la iglesia, un paladin no debía contraer matrimonio, esto para prevenir conflictos con la familia, políticas, lealtad y la fé. Uno solo debía ser devoto a Dios y no ser guiado por el afecto personal.

Para mañana, Kael estaría entrenando para la gran Santa de la Guerra, participando en la ceremonia para unirse a los santos caballeros y Damia finalmente perdería su oportunidad para siempre. Ella nunca sería su amante o su esposa.

Nunca.

“Kael” lo llamo Damia con una voz que le quebraba el corazón.

“¿Que ocurre Damia?, ¿Por que tienes esa expresión?”

El tonto Kael aun sonreía brillantemente en aquella situación sin siquiera imaginar lo que pronto escucharía de la boca de Damia. Ella no podía dejarlo ir sin al menos, confesarse.

Damia se conocía muy bien a si misma. Después de tantos años manteniendo un amor platónico, aquel dolor solo se enterraría en su alma y se volvería un veneno mortal, a menos que se confesara.

“… Tu me lo preguntaste antes, ¿Verdad Kael?… El motivo por el cual yo aún no tenía un prometido”

“Si, creo recordarlo… ¿No me habias dicho en aquella oportunidad que había alguien que te gustaba?” Kael lo había recordado, una conversación hace mucho tiempo.

Los ojos desesperados de Damia observaban fijamente los de Kael. El contemplaba sus bellos ojos como si estuviera poseído por ellos y de pronto, llegó a una conclusión.

“No puede ser… El hombre que decías que amabas…”

“Así es”

Al darse cuenta de aquella confesión, el norte dejó de tener sentido para él y su rostro no se veía para nada feliz, todo lo contrario, lucía como si hubiera sido castigado. Su rostro fue deformado por una sensación de sorpresa y culpabilidad.

Damia no podía evitarlo, había logrado tragarse las lágrimas de su corazón, pero el sabor amargo en su boca le hacían desfigurar su expresión. Aun así fue capaz de confesar y abrir su pecho ante Kael.

“Así es. Eres tu Kael Roysten. Yo siempre te he amado”

 

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